9 de agosto de 2015

Pequeños maestros


Todo aquel que sin haber cursado estudios universitarios o de reconocimiento profesional, y sin embargo tenga la capacidad pedagógica de trasmitir enseñanzas por su experiencia de vida o conocimiento; y a su vez, logre despertar en quienes les escuchan, sean sus discípulos o no, el amor por aprender para lograr un cambio positivo en la vida de cada uno de ellos, considero que todos debemos reconocerlos como un Maestro.

Hoy quiero conversar con ustedes acerca de algo que me atañe directamente a mi y a Todos los habitantes del planeta. Quiero expresarme acerca de los Docentes, Profesores o Maestros. Esas personas que sin conocernos nos dedican gran parte de su valioso tiempo de vida con dedicación casi exclusiva a cada uno de nosotros  y en pro de nuestro bienestar como objetivo principal de su trabajo.

En esta sociedad actual de valores o principios invertidos, donde predomina el facilísimo y la ausencia de moral, respeto, disciplina o amor por el prójimo; donde parece que lo soez y la pérdida del amor por la especie humana es lo que predomina o lo que mas se cultiva de la mano de la violencia, sin duda el arte de la enseñanza ha sido presa de esta vorágine globalizada.

Tanto que le debemos a quienes nos enseñaron a leer o escribir, a tener modales y buenas costumbres, a quienes con tanto amor y dedicación preparan sus clases o sus estrategias de enseñanza, para que nosotros, nuestros hijos o nietos aprendan herramientas de vida; a ellos son quienes todos los profesionales les deben lo que académicamente han logrado en esta vida. Entonces es misión de todos rescatar, valorar y dignificar a quienes nos han brindado sus conocimientos sin esperar otra cosa que no sea el que aprendamos y valoremos con amor el tiempo tan valioso que han invertido en nosotros.

Personalmente, son muchos los momentos que dedico a preparar una clase diariamente con el solo objetivo de despertar en cada estudiante el reconocer sus maravillosas virtudes como ser humano. Lo mismo sucede, cuando planifico actividades especiales como seminarios, entrenamientos al aire libre, presentaciones educativas a la comunidad o eventos de cualquier índole que van dirigidos a formar valores morales o herramientas de crecimiento en cada uno de los alumnos, y se siente el poco interés de los padres en involucrarse en las actividades o en la vida curricular de sus hijos, así como en su cotidianidad. Pero esto no solo sucede conmigo, es vox populi de los maestros en las escuelas o en cualquier actividad extra cátedra que realicen los pequeños o jóvenes de la casa.

Esta falta de interés general es la que ha llevado a ver crecer generaciones enteras que no valoren el trabajo o la dedicación de los maestros. Es muy triste ver que quienes son base fundamental en toda las sociedades son muchas veces los menos reconocidos o valorados en su esfuerzo o dedicación por un mejor mundo, algo así como le sucede a aquella antigua estructura social tan importante, pero tan terriblemente golpeada y maltratada, que trata de sobrevivir cada día a duras penas, esa estructura que cada día la quieren alterar mas su concepción original a conveniencia de algunos y dicha estructura no es mas que la familia.

Familia y maestros, profesores o docentes dos pilares de nuestra sociedad que día a día sufren los embates de quienes por el poder o la falsa riqueza económica desvalorizan a su antojo, olvidando que toda gloria es pasajera y que la riqueza espiritual es la única que nos acompañará por siempre, así como tampoco olvidemos que los niños son nuestros pequeños maestros también.

Fuerte abrazo y que Dios les bendiga a todos, gracias por tomarse  el tiempo de leerme.

26 de julio de 2015

26 de Julio de 1931






En el año 1931, un día como hoy 26 de Julio en la cálida y apacible población de Santa Teresa del Tuy en los valles mirandinos, nació mi Tío Héctor Manuel.

Personaje a quien dedico hoy con toda humildad y amor de hijo mis líneas; no puedo dejar de expresarle en vida, lo importante y especial que fue para mi en mi niñez y en cada momento compartido con el a lo largo de mi vida.

Mi Tío Héctor, quien me cuidaba como si fuera su hijo, quien despertó en mi la pasión por el beisbol, quien me enseño a dar mis primeros pasos en el juego ciencia y quién siempre trato de inculcarnos mucha cultura, valores morales, respeto por el prójimo y el aprender a reconocer el valor de las diferentes culturas de la humanidad, para convivir en el mundo con tolerancia y modales.

El tío que con sus gratas conversaciones mientras crecíamos entre Chiripa, Tripa e pollo o Chaparro,  me enseño que no siempre se Bocha, que a veces hay que arrimar la bola en el juego de la vida con humildad y después disfrutar la victoria con la inocencia de un niño . Mi Tío el que de la emoción  con un gol de Pelé  en la final de México 70, dio un salto de la silla donde estaba sentado que jamás olvidaré. El tío que se levantaba muy temprano, para llevarnos de viaje a Guatopo, Altagracia o Margarita entre otras partes de Venezuela y con un gusto infinito nos enseñaba la geografía o la historia de la zona, sus costumbres, la gastronomía y las historias o leyendas, para que conociéramos y amaramos la tierra que nos vio nacer en épocas de prosperidad y libertad.

Gracias Tío, quizás no tienes idea de lo  importante que has sido para mi durante este viaje que es la vida y como ejemplo de referencia para mis hijos; a quienes he enseñado que te quieran y te valoren por todo lo que has hecho por mi. En honor a ti, por el gran amor y respeto que te tengo, es que mi primogénito lleva tu nombre Héctor Manuel quien es zurdo como tu. Como ser humano supongo que tienes tus virtudes y tus aprendizajes, pero de algo si estoy seguro: si todos los niños del mundo disfrutaran de un tío como tu, ahh caramba que lugar más agradable y culto seria el planeta.